Plástico: de invento revolucionario a pesadilla medioambiental

Una imagen vale más que mil palabras ...

Datos para tener en cuenta y tratar de disminuir la agresión al Medio Ambiente

Tras 100 años de furor, hoy es un material que representa el 85% de la basura marina y amenaza con afectar la salud de los animales y seres humanos.

Cada 5 de junio la Organización de las Naciones Unidas (ONU) conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, bajo una consigna concientizadora que se replica internacionalmente. En 2018 el lema es “Sin contaminación por plástico”, e invita a cada persona a observar a su alrededor y reconocer el consumo excesivo de este material que produce un altísimo nivel de contaminación.

El plástico, derivado del petróleo, conquistó progresivamente la producción de la gran mayoría de los artículos elegidos para el consumo diario: “Es una emergencia global que afecta todos los aspectos de nuestras vidas. Está en el agua que bebemos y en la comida que comemos. Está destruyendo nuestras playas y océanos”, afirma Erik Solheim, Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas y Director Ejecutivo de ONU Medio Ambiente.

La cultura del consumo efímero y descartable hizo que en la última década se produzca más plástico que en todo el siglo pasado: el 50% de este material es desechable, representa pocos segundos de utilidad y se transforma en un residuo tóxico que el planeta no puede digerir.

Héctor Sejenovich, economista especializado en medio ambiente y miembro del consejo académico de la Fundación de Estudios para la Salud y la Seguridad Social (FESS), señala que el envasado excesivo de los productos responde a una necesidad del mercado que busca aumentar la expectativa de consumo, al contrario de una verdadera necesidad de empaquetado.

De las 8.300 millones de toneladas métricas de plástico producido, 6.300 se convirtieron en desechos plásticos. De ellos, solo el 9 por ciento fueron reciclados. El 79% de los desechos se acumulan en vertederos o se deterioran en entornos naturales como basura. Su degradación depende de la composición química, la forma y el grosor; así como también de la radiación solar que reciba, de la temperatura del agua, y del oxígeno presente en el ambiente. Este proceso puede demorar de 300 a 1.000 años.

Si el plástico resulta tan dañino para el medio ambiente, ¿puede representar el mismo riesgo para el ser humano? Aún no es posible encontrar evidencias claras de los efectos que los microplásticos producen en la salud, ya que el plástico es un invento relativamente joven. Sin embargo, un gran número de organizaciones trabajan para descubrirlo.

El químico conocido como bisfenol A o BPA es el compuesto químico del plástico al cual el ser humano está más expuesto y, al respecto, se analizaron las posibles alteraciones que provoca en el sistema endócrino.

Para poder tener el menor contacto posible con los ftalatos o BPA se recomienda leer las etiquetas de los cosméticos y evitar aquellos productos que contengan estos compuestos. En este sentido se plantea un gran desafío individual que impulsa un cambio en los hábitos de consumo, pese a que la exposición al BPA en alimentos y bebidas continúe latente.

Según una investigación dirigida por la organización de periodismo Orb Media en la Universidad Estatal de Nueva York, Estados Unidos, en el 83% de las muestras de agua tomadas en una decena de países existe contaminación por fibras de plástico: “Si hay fibras, es posible que también haya nanopartículas que no podemos medir; pudiendo penetrar una célula que accede a los órganos”, explican en el estudio.

Con respecto a esta problemática en Argentina, Sejenovich -quien también fue ganador del Premio Nobel de la paz compartido por el Informe 2007 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés)- indica que el país se encuentra muy lejos de lograr un avance que decante en un cambio cultural y político: “Obtener un enfoque integrador respecto al consumo de plástico y sus consecuencias es un desafío global que recién comienza. Solo a través de la difusión y concientización de los posibles riesgos de su uso se podrá iniciar un cambio de conductas a largo plazo. Desde el área médica y científica se debe dirigir todo el esfuerzo a investigar sus efectos en nuestro entorno, así como también posibles soluciones que reviertan el daño ocasionado en el medio ambiente y nuestra salud”, asegura el experto.

El Ministerio de Salud de la Nación, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y científicos de diversas universidades locales son algunas de las instituciones y profesionales que trabajan de forma sinérgica en pos de un mundo #SinContaminación por plástico.

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