La gran actividad a favor de la comunidad, que desarrolla la Iglesia Católica en Taiwán

La Catedral del Santo Rosario, en la sureña ciudad portuaria de Kaohsiung

Su labor pastoral y misionera en ese país, viene desde hace varios siglos

Y está vinculada además, al legado cultural español en la isla. De hecho, los primeros misioneros que pusieron pie en Taiwán fueron seis frailes dominicos que se unieron a una expedición española en la parte norte de la isla. Es importante resaltar que la labor misionera en Taiwan siempre estuvo llena de peligros y conflictos.

Esa larga y dura historia da comienzo en el Siglo XVII, habiéndose concentrado la labor misionera en la misma, según los registros históricos, en la parte Norte de Taiwán.

En ese entonces, según las mismas fuentes, había unos 4.500 cristianos y cuatro religiosos; estos últimos fueron capturados por los holandeses y repatriados a Manila.

Desde ese momento hasta hoy, distintas congregaciones de sacerdotes y monjas católicas, se establecieron en Taiwán, las que contaron también con distinta suerte.

La primera iglesia fue reconfigurada por los holandeses, y posteriormente, los japoneses arrasaron con la mayoría de los edificios restantes, eliminando aparentemente la evidencia del paso de los misioneros españoles. No obstante, aparte de la fe en los locales, la presencia de estos misioneros católicos no desapareció del todo, sino que dejó una marca histórica física en la parte norte de Taiwan. Las ruinas de la primera iglesia han sido excavadas y estudiadas por un equipo multidisciplinario, informó el profesor José Eugenio Borao Mateo, historiador y catedrático de la Universidad Nacional de Taiwan, quien ha publicado varios libros acerca de la presencia de los españoles en Taiwan, y que fue testigo de varias excavaciones en la que actualmente se conoce como isla Hoping.

Borao Mateo ha enfocado sus estudios por más de 20 años sobre la historia de los españoles en Taiwan durante el siglo XVII. Las excavaciones en la isla Hoping, dirigidas por el arqueólogo de la Academia Sínica, Tsang Chenghwa, tomaron años, y condujeron a hallar los cimientos de la Iglesia-Convento de Todos los Santos, aplicando técnicas modernas de geo-referencia por satélite. Borao Mateo publicó un catálogo de las cien piezas más importantes halladas, que datan del Neolítico hasta la llegada de los europeos. En las mismas también participó un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, con la arqueóloga María Cruz Berrocal como representante.

Segunda etapa en el siglo XVIII

Los frailes dominicos, a pesar de haber sido expulsados, siguieron tratando de enviar misioneros para continuar con la labor de la fe en Taiwan. El primer intento fue en 1673, cuando arribaron en el sur de la isla, pero fueron mal recibidos por los hijos de Zheng Cheng-kong (Koxinga), quien había expulsado a los holandeses de Formosa (Taiwan), y se vieron forzados a volver a Manila. Lo intentaron de nuevo en 1694, siendo una vez más vistos con poco favor por los residentes, que acababan de concluir un conflicto con los holandeses, y por lo tanto, no estaban muy receptivos a la presencia europea.

En 1858, el entonces Imperio Chino permitió el acceso del comercio extranjero al sureño Puerto de Anping, en lo que actualmente se conoce como Tainan. Posteriormente, se autorizó el ingreso a otros puertos, como Tamsui, Keelung y Takao (actualmente Kaohsiung). Al ser conscientes de estos cambios, la Congregación para la Propagación de la Fe notificó al reverendo fraile Antonio Orge, superior general de los dominicos españoles, quien autorizó la restauración de la misión en Formosa.

El fraile Fernando Sainz Morales arribó en mayo de 1859, junto con José Dutras y Angel Bofurull, y acompañados por cinco catequistas laicos chinos; desembarcaron en la actual sureña ciudad de Kaohsiung. Allí procedieron a erigir la primera iglesia construida en Formosa, que se conoce hoy en día como la Catedral del Santo Rosario de Kaohsiung.

En el actual bullicioso distrito de Cianjin, cerca de la desembocadura del Río del Amor, se yergue todavía dicha hermosa construcción, erigida en 1859 y reconstruida en 1928, siendo la primera iglesia católica en Taiwan. Esta edificación de estilo gótico guarda como tesoros valiosas reliquias del pasado católico en la isla. Por ejemplo, cuenta con los registros de bautismo más antiguos de la isla, siendo el primero del 3 de noviembre de 1859. Asimismo, la imagen de la Virgen María en sus instalaciones fue enviada desde España a Kaohsiung en 1863.

Los religiosos españoles observaron que la mayoría de los creyentes que acudían a la iglesia en Takao provenían del área de Wanchin, a 60 kilómetros de Takao. Por esa razón, en marzo de 1861, el padre Fernando, junto con un catequista y un creyente local, se trasladaron a dicho poblado e iniciaron las obras para la construcción de la actual Basílica de la Inmaculada Concepción de Wanchin, declarada monumento histórico.

Al igual que sus predecesores en el norte de la isla, la labor misionera se enfrentó a numerosos retos; en particular, los pobladores locales chinos opusieron mucha resistencia. De hecho, el asentamiento católico en Wanchin entró en conflictos con los pobladores de la etnia hakka, sufriendo saqueos y ataques violentos. Por esa razón, la Basílica de Wanchin fue construida como un fuerte español, a fin de defenderse mejor. El diseño también la hacía el refugio ideal en caso de un desastre natural, ya que un terremoto en 1865 había destruido una edificación anterior. Con 14 metros de ancho, 35 de longitud y 8 de altura, y muros de metro y medio de grosor, este nuevo edificio tuvo un porte impresionante cuando fue terminado en 1870 y dedicado a la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Este edificio sigue de pie hoy en día como uno de los monumentos arquitectónicos e históricos más extraordinarios del sureño distrito de Pingtung.

Tercera etapa de 1895 a 1949

Con la firma del Tratado de Shimonoseki, los japoneses tomaron control de la isla. La transición no fue pacífica, debido a la resistencia de los locales. Los misioneros y feligreses se vieron atrapados en el fuego cruzado, perdiendo muchas vidas y sufriendo la destrucción de varias iglesias. No fue sino hasta que la isla cayó completamente bajo el dominio japonés que cesaron los conflictos entre los locales, y con ello, la labor misionera pudo reiniciarse. Hasta ese momento, a pesar de los esfuerzos de los misioneros, los convertidos apenas llegaban a 1.300 personas.

Hechos notables de esta época relativamente pacífica son la llegada en 1903 a Takao de un grupo de monjas dominicas españolas, que se hicieron cargo del Orfanato del Divino Niño, una de sus primeras obras sociales en la isla. Por otro lado, en 1907, los dominicos se vieron forzados a derribar una iglesia construida en Taipei, ya que según el plan de reestructuración de las zonas de la ciudad, las autoridades decidieron que una calle pasaría por ese terreno. No obstante, la administración japonesa otorgó a los dominicos un nuevo terreno, pagando inclusive una indemnización, y de esta forma, se pudo construir una nueva y hermosa iglesia. Finalmente, en 1913, Formosa fue nombrada como una Prefectura Apostólica independiente. En resumen, la iglesia católica estaba firmemente establecida en la isla cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y con dicha conflagración volvieron los conflictos.

En 1943, las autoridades japonesas expulsaron a los extranjeros de Keelung y Takao, y les ordenaron recluirse en el centro de Taiwan, limitando la labor misionera. Para 1944, los constantes bombardeos estadounidenses habían causado graves daños, entre ellos la destrucción completa de la iglesia construida en 1907, hasta entonces considerada la más bella de Taiwan.

Cuarta etapa de 1949 hasta el presente

Al final de la Segunda Guerra Mundial, la Prefectura de Taiwan quedó en manos del clero local. El catolicismo experimentó un auge en la isla tras la caída de China continental en manos de los comunistas, con numerosos religiosos exiliados en Taiwan.

Durante el período de 1953 a 1963, la cantidad de creyentes aumentó de 27 mil a 300 mil personas. La labor evangelizadora en esos años de posguerra fue mano a mano con la labor social. La Iglesia ganó el corazón de los taiwaneses por su asistencia oportuna en la reconstrucción. Este es el periodo de fundación de muchas escuelas, universidades, asilos de ancianos, orfanatos y otras instituciones por parte del clero.

Asimismo, la expansión del esfuerzo misionero significó poder llegar a las regiones más remotas de la isla, y así se logró alcanzar efectivamente a las poblaciones aborígenes. De hecho, el cristianismo en general es hoy en día la religión predominante entre los pueblos aborígenes de Taiwan.

No obstante, tras el auge inicial, comenzó un descenso en la cantidad de feligreses, hasta años recientes con la llegada de cada vez más trabajadores del Sudeste Asiático; en particular, de Filipinas, donde el catolicismo es la fe más difundida entre la población. Se calcula que en la actualidad unos cien mil filipinos residen en la isla, por lo que en las principales ciudades de Taiwan se ofrece la misa en tagalo, y se celebran festividades religiosas propias de Filipinas, como la Festividad del Santo Niño.

La Iglesia ha expandido su labor social desde la década de 1980, con el crecimiento de numerosas organizaciones no gubernamentales supervisadas por grupos católicos que aportan asistencia moral, social, legal y material a las personas que son explotadas, abusadas y maltratadas.

Dedicación y espíritu misionero del clero católico en Taiwan

La labor apostólica de la Iglesia Católica es reconocida y agradecida profundamente por el pueblo en Taiwan. La Iglesia ha realizado múltiples contribuciones al desarrollo socioeconómico de la isla, resaltando en el último siglo y medio, la construcción de cinco universidades y colegios superiores, 29 colegios secundarios y 11 escuelas primarias, así como 166 orfanatos y numerosas instituciones médicas y de bienestar social en Taiwan, según censos recientes.

Aparte de su labor apostólica, la Iglesia Católica también ha hecho sentir su presencia en Taiwan a través de sus obras sociales, en la forma de orfanatos para niños desamparados, asilos para ancianos, hospitales y escuelas para los pobres. En este sentido, aunque el catolicismo carece de los enormes recursos humanos y materiales que tienen los otros credos en Taiwan, no duda en extender su mano caritativa a todos los necesitados.

La Comunidad Hispana Católica: oasis espiritual

La Comunidad Hispana Católica nació hace unos 30 años por iniciativa de los embajadores centroamericanos que estaban asignados en la República de China. Los diplomáticos presentaron al clero la petición para oficiar una misa en español, a fin de atender a las necesidades espirituales de la existente comunidad hispana. Inicialmente, los hispanoparlantes se congregaron en la Iglesia Madre de Dios en la calle Zhongshan Norte, con el padre colombiano Bernardo Acevedo oficiando las misas en español. No obstante, ante la creciente cantidad de feligreses, se trasladaron a la Iglesia del Santísimo Sacramento, ubicada en el sector de Shipai, en la parte norte de Taipei, donde se encuentra la mayoría de las embajadas extranjeras en la República de China, así como una notable cantidad de residentes foráneos.

Según el sacerdote chileno Arturo Morales, cmf (Tu Ren), generalmente, los encargados de oficiar las misas en español son los curas recién llegados a Taiwan, mientras realizan sus estudios de chino. La comunidad hispana no tiene un cura asignado específicamente, ya que la labor de los religiosos se concentra en los locales. Como resulta algo complicado para los sacerdotes atenderla cuando ya tienen la responsabilidad de sus propias parroquias, desde hace unos años la persona encargada de la gestión de la Comunidad Hispana Católica es una religiosa. En la actualidad, está en manos de Sor Socorro Teófilo, originaria de Filipinas, quien labora en el Colegio Internacional Dominico.

Dentro de la iglesia se realizan actividades que ayudan a unir a la congregación y proyectarse hacia la comunidad. Por ejemplo, hace unos años se organizó el rezo del Santo Rosario semanalmente. Este espacio se amplió para ofrecer charlas y lecturas bíblicas, pero más que todo, a fin de compartir sus experiencias en el mismo idioma. Al hallarse los recién llegados en un medio desconocido como es Taiwan, la comunidad hispana católica ayuda a muchos a reencontrarse con su fe y volver a la Iglesia de forma más activa. La comunidad se convierte de esta manera en un vínculo social y espiritual.

Según Morales, la Comunidad no se puede definir como una parroquia, ya que no está delimitada a un sector ni sus miembros residen todos cerca del templo.

En la actualidad, la comunidad de feligreses que asiste a la misa en español está compuesta por personas diversas, desde los diplomáticos centro y sudamericanos, los estudiantes becarios, los taiwaneses que han residido en países de habla hispana, hasta los pilotos latinoamericanos que laboran para líneas aéreas taiwanesas y sus familias, entre otros. Es una comunidad cambiante, ya que muchas personas se quedan en Taiwan tan solo unos años antes de volver a su país de origen, y son reemplazadas por otras que siguen el mismo proceso.

En casos especiales, tales como terremotos o tifones, tanto a nivel local como internacional, la Comunidad Hispana Católica ha realizado actividades solidarias, ya sean bazares o ventas de comida, a fin de recaudar fondos a favor de los damnificados.