¿Cómo se hará posible conseguir la unidad nacional?. Una vieja aspiración que sigue siendo tal

Nuestro entrevistado

Artículo y entrevista a su autor, MIGUEL ÁNGEL SARNI *, especialista en Educación

El autor del trabajo que se expondrá a continuación, titulado “La Unidad Nacional”, es MIGUEL ÁNGEL SARNI, General de División del Ejército Argentino (Retirado), con amplia experiencia en el ámbito educativo oficial y privado.

“¿Es posible reconstruir una sociedad traumatizada por profundas heridas y divisiones heredadas? La respuesta positiva está condicionada a alcanzar un pacto de convivencia para la reconciliación nacional. Un complejo proceso psicosocial y la puesta en vigor de disposiciones legales e institucionales deberían dirigirse para lograr ese fin.

Nuestro país ha podido comprobar, desde el golpe del 30, que los gobiernos militares pueden conducirnos a insospechadas y graves situaciones. Prefiere los gobiernos elegidos democráticamente, con todas sus complejas deficiencias. Espera que sean corregidas a través de los

mecanismos de control dentro del sistema ¿Es viable llevar a cabo este proceso en la Argentina? Con fe (confianza), no tanto con certezas, me inclino por el sí. El sentido común, pese a las tensiones disolventes, llevará a los argentinos a concretar el pacto de convivencia que nos encamine hacia la unidad nacional.

Esta aspiración sustantiva y refundacional de nuestra República nos permitirá revalorizar los componentes básicos del desarrollo humano: la educación, el trabajo, la justicia, la seguridad y la defensa. Caso contrario, permaneceremos en la terapia del subdesarrollo, tratados con argumentos cortoplacistas por la mediocridad de turno.

La falta de unidad nacional seguirá acentuando nuestra decadencia: sin poder aplicar políticas de Estado consensuadas y sin dar respuestas vigorosas y activas a la peligrosa fragmentación de la sociedad, a los elevadísimos porcentajes de exclusión y pobreza, a la devastación acelerada de nuestros recursos, al descomunal tumor de corrupción e impunidad que padecemos, a la anomia y desprestigio de las instituciones de la República, a la concupiscencia existente de la violencia, la inseguridad y el flagelo de la droga.

Se palpa, como una necesidad de la población, el avanzaren paradigmas sustentables, compartidos y tratados en armonía, sin discordia y sin imposición de rumbos, como acostumbran los salvadores de turno. La ignorancia es insolente, decía un profesor de la Universidad, y la soberbia, sumada a la ignorancia, es la madre del desencuentro y del fracaso.

Se perciben dos fenómenos altamente corrosivos para la vida de la República: la inhibición del apetito y paladar democrático del votante disimulado con la obligatoriedad y el desaliento participativo de los mejores en la política.

Mayoritariamente, la población ha dado muestras de comprensión y disposición de rechazo a recetas que acrecienten divisiones u odios.

Es necesario cifrar esperanzas en aquellos dirigentes idóneos (políticos, profesionales y juristas) que se comprometan y propugnen la unidad, honrando sus funciones. Alentemos a los nuevos legisladores que integran el Congreso nacional. Reconstruir la concordia entre los argentinos y el prestigio de todas las instituciones es el camino más demandado hacia la unidad nacional. Con ellas volverá a reinar la moderación, para que afloren las grandes ideas, para que el pensamiento se proyecte al largo plazo, para que retomemos, por fin, el promover el bienestar general soñado por nuestros constituyentes de 1853.

Se ha instalado que no habrá reconciliación; mucho menos, unidad nacional, sin memoria, verdad y justicia. ¿Quién podría no estar de acuerdo con esta trilogía? Todo intento de reconciliación requiere, necesariamente, la existencia de procesos concomitantes de verdad, memoria y justicia.

Para saber adónde conducen estas tres nobles aspiraciones, es imprescindible precisar contenidos o autorías. Recién entonces sabremos si la finalidad del que las dogmatiza es resolver, dilatar, encubrir o provocar.

Lo que demanda un proceso de reconciliación es la comprensión del contexto donde todos actuaron y de los métodos inaceptables que se pudieran haber empleado para alcanzar sus objetivos, por legítimos que fuesen algunos de ellos.

Luego de la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852), el vencedor Urquiza, a cargo de un poder de hecho, optó por seguir una política conciliatoria con las provincias, para lograr la unidad nacional y transformar en jurídico su poder de facto. Urquiza pretendía que los partidarios de Rosas se sumaran a la causa nacional, olvidando sus rencores, bajo la consigna de no hay vencedores ni vencidos. Así, el posterior acuerdo de San Nicolás logró reunir el Congreso General Constituyente que dictó la Constitución nacional, y desde allí se comenzó a transitar hacia la formación del Estado nacional.

Como argentinos, hemos vivido un largo período de desencuentros y violencia. La sociedad argentina, seguramente, deseará cerrarlo definitivamente, mediante la búsqueda de la verdad y la memoria histórica, el ejercicio de diferentes fórmulas de justicia y la construcción de un proceso de reconciliación nacional.

O encaramos el futuro, teniendo fe en que se alcance la unidad nacional, ¡con memoria, verdad y justicia para todos!, o no habrá futuro.

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A continuación las preguntas del Portal al autor del trabajo recientemente transcripto:

Hablar de reconstrucción, convivencia y reconciliación, suena a música para los oídos de los argentinos. ¿Por dónde, cómo y cuándo resultaría mejor y más conveniente, comenzar la tarea?

“Me remito a Ortega y Gasset quien conceptualiza la Nación como ¨un proyecto sugestivo de vida en común¨ Para restaurar los tejidos dañados de la sociedad habrá que pensar exclusivamente en el futuro dejando el pasado mediato e inmediato a la memoria individual y a los historiadores.

Entiendo que la memoria colectiva sectoriza y divide. La obtención de la convivencia tiene que ver con una aplicación que conjugue tolerancia pero con respeto a la norma que establece que el derecho de uno termina donde empieza el del otro concientizando que el ejercicio de la ley reside exclusivamente en el estado, esto no debe afectar a la libre expresión en cualquiera de sus manifestaciones.

Donde esta encarnado el odio y el rencor deberán exorcizarse a través de catarsis y lograr la comprensión de que ellos no proveen nada para el futuro, es una tarea de sana propaganda que debe llevar a cabo el Estado.

Inicialmente se sugiere conformar un Equipo de calificados representantes de los tres poderes desprovistos de color político-ideológico para que se expida sobre dos temas centrales, que mantienen permanente actualidad, Derechos Humanos y Corrupción, durante tres periodos 1970 a 1983, 1995 a 2001 y 2003 a 2015. Esta orientación servirá de apoyatura legislativa para convertirse en políticas de Estado constituyéndose en las estrategias centrales para lograr un pacto de convivencia”.

Le otorga usted una importancia trascendencia al sentido común, para el logro de sus aspiraciones, pero ¿Por qué cree que hasta ahora no funcionó debidamente ese especial sentido?

“La sociedad argentina posee un nivel intelectual de comprensión elevado para entender y asumir sus responsabilidades individualmente y dejar atrás las manifestaciones patoteriles que solo conjugan violencia. No es solo sentido común sino la inteligencia del individuo y la educación recibida. Todos poseemos conciencia del bien y del mal, llevemos esa reflexión a que se convierta en un estilo de pensar y obrar.

La necesidad imperiosa de aplicar el sentido común se basa en la experiencia que cada persona ha tenido en el transcurso de su vida. Su aporte debe ser similar al que adopta en su vida personal, laboral y familiar y esto resultará que el quehacer individual cotidiano coadyuve a mejorar el estilo de vida.

Distinguidas personalidades de las ciencias, la cultura y la politología transmitirán esos conocimientos para evitar errores en los que venimos incurriendo con la idea de sanearlos y perfilar un futuro promisorio”.

¿Cómo podría avanzarse desde la Educación, materia a la que le concedió un libro?. ¿Y acaso desde ese lugar no llevaría demasiado tiempo el intento?:

“Esta es una hipótesis sustentada en la praxis educativa que el suscripto viene ejerciendo desde hace 25 años. Durante los últimos 9 años en el Ejército ocupé

distintos cargos en el Sistema Educativo Superior de la Fuerza. De retirado cumplí funciones en Instituciones Universitarias Privadas y Públicas; y fui designado por CONEAU en cinco oportunidades para integrar Comités de Pares Evaluadores.

El Ministerio de Defensa y las FFAA asumieron la educación como un factor estratégico de la Defensa y del desarrollo nacional. Los resultados quedaron en evidencia luego de las evaluaciones institucionales llevadas a cabo por CONEAU a los institutos Universitarios de cada una de las tres Fuerzas.

En la Agenda Publica la prioridad estratégica y el pilar fundamental debiera ser la Educación, inspirándose en el paradigma de Francis Bacon según el cual el conocimiento es poder. La República reclama una educación de creciente calidad construida sobre la base de un fuerte compromiso de los actores académicos, prestando especial atención a las transformaciones sustanciales que se desarrollan en el escenario mundial.

Estamos en la cuarta revolución industrial, quien deje de estudiar está perdiendo futuro. La verdadera revolución es la de las neuronas y esta es solo posible a través del libro.

 

*Miguel Angel Sarni es General de División (Retirado), e ingeniero militar. Escribió el libro “Educar para este  siglo”

 

 

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IMAGEN:

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EPÍGRAFE:

Nuestro entrevistado

 

FOTO: “ FOTO GENERAL SARNI 

 

2 Comments on "¿Cómo se hará posible conseguir la unidad nacional?. Una vieja aspiración que sigue siendo tal"

  1. Analía Zabala | 4 abril, 2019 at 10:33 pm |

    La cosa pasa en mayor grado por la falta de formación moral en la ciudadanía por la creación y mantenimiento de valores y por todo a lo que hace a la decencia y a la responsabilidad cívica.

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